miércoles, 15 de abril de 2009

El regreso

Isabel era una mujer alta y guapa. Tenía dos hijos preciosos y un marido guapo y apuesto. Se había criado en una familia de empresarios multimillonarios, y gracias a eso desde muy pequeña había podido cumplir su sueño: ser cantante. Lo tenía todo. Solo hacía falta mirar una foto familiar para ver lo felices que eran. Lástima que muriera.

Pero la realidad era que tenían una vida penosa. Ella se pasaba los años viajando, saliendo y embriagándose, y su marido, David, acostándose con todas las mujeres posibles en la ausencia de su mujer. Los niños, Cristina y Lucas, estaban siempre con la niñera, una chica de dieciocho años que había empezado a trabajar para poder pagarse la carrera, pero que al final el trabajo se había convertido en lo único que tenía. Su vida era un caos, pero nadie se daba cuenta. Para la prensa y los admiradores eran el ideal de familia a seguir. Eran perfectos, pero solo en la parte superficial.

Isabel estaba cansada de tantas infidelidades de su marido, de que sus hijos la trataran como a una desconocida cuando iba a casa, y de que su vida no pudiera ser la que aparecía en las portadas de las revistas, por lo que ingirió un bote entero de pastillas y se suicidó. O, por lo menos, eso es lo que dijeron los medios de comunicación. La verdad es que fue la niñera, Ana, quien la mató. Ana quería que los niños fueran solamente de ella y que la llamaran mamá, por lo que, cuando Isabel volvió a casa una noche, fue a hablar con ella. “Tus hijos te querrían si hubieras estado con ellos” fue lo último que se escuchó antes de que Isabel cayera de su silla, muerta por las pastillas que Ana le había puesto en la bebida.

Habían pasado diez años desde la muerte de su madre. Lucas tenía veinte años y las cosas le iban bastante mejor. Cuando su madre falleció, había estado triste, pero no le había afectado mucho ya que no la quería como él pensaba que había que querer a una madre. Sin embargo, sí que lo pasó mal cuando Ana murió. Se había vuelto loca, y llegó un punto en que no lo soportó más. Lucas había sufrido mucho a partir de ahí. Su padre seguía con su vida de bar en bar, de prostíbulo en prostíbulo. Y su hermana… ella no consiguió aguantar la presión y se metió en el mundo de las drogas con solo dieciséis años. Su mundo se había ido derrumbando poco a poco, toda su familia estaba muerta, o casi. No le quedaba nada, pero había aprendido a controlarlo. Por fin, estaba sacándose la carrera de medicina, tenía dinero para ser independiente, y había conocido a una chica que creía que cambiaría su vida por completo, Mía.

Y la cambió, ya lo creo que la cambió. Pero no como él creía.

Desde el día que empezó a salir con Mía comenzaron a ocurrir cosas extrañas. Objetos que cambiaban de lugar o desaparecían, sombras, ruidos, sensación de que alguien le seguía. Cosas que nunca le habían pasado antes pero a las que decidió no darle mucha importancia.

Lucas y Mía decidieron irse a vivir juntos. Una casa enorme en plena naturaleza, rodeada de árboles y con un lago a apenas veinte metros. Todo estaba siendo mágico para ellos. Encendieron la chimenea y abrieron una botella de champagne para brindar por un nuevo comienzo.

– Brindo por nosotros, por esta casa y por todo lo que nos queda por vivir aquí

–suspiró–. No me puedo creer que todo esto sea nuestro, Lucas, es tan… tan… ¡tan perfecto!

– Pues créetelo. Imagina cuando tengamos niños, correteando por… ¿Qué ha sido eso?

– ¡No se! Vamos a mirar, creo que ha sido en el salón.

Y allí estaban. Tiesas, transparentes, espectrales. ¿Buenas o malas? No sabía. Pero dos personas que habían muerto hacía ya diez años acababan de arrojar las cajas de la mudanza al suelo.

– No puede… no puede ser. E-e-e-esto debe ser un sueño o algo. ¡Mía pellízcame o algo por favor!

Lucas esperaba que dijeran algo como que le echaban de menos, que en ese lugar en el que se encontraban estaban bien, que fuera feliz, pero solo se escuchó una risa tan poco humana que daba escalofríos antes de que desaparecieran. Mía y Lucas se quedaron quietos, como dos estatuas, rígidos, mudos. No tenían ni idea de qué era lo que acababa de pasar.

– Dios... ¿Qué está pasando, Lucas? No entiendo nada. ¿Quiénes eran? ¿Qué eran?

– Eran… ¿mi madre y mi niñera? ¡Ay! No puede ser, es imposible.

– No se pero tengo mucho, mucho miedo –Mía comenzó a sollozar.

– Tranquila cariño, tranquila, ya verás como todo irá bien. Te quiero, ¿vale? Y voy a estar contigo siempre. No dejaré que te pase nada.

– Yo también te quie… ro.

– ¡Mía, Mía! ¿Qué te pasa? Oh, no, no, no, no. ¡Despierta, por favor!

Mía respiraba, pero no reaccionaba. En ese momento comenzaron a caer más cajas, los cristales estallaban, las puertas y ventanas se abrían y cerraban. Nada parecía ser normal. Lucas intentó coger el móvil para llamar a la ambulancia o a la policía, pero salió disparado por la ventana trasera.

– ¡Já! ¿Te creías que ibas a ser feliz con esa? –dijo Isabel.

– ¿Creías que íbamos a permitir que nos robara a nuestro chiquitín? –esta vez habló Ana.

– Sí… bastante tengo ya con compartirte con Ana, como para encima compartirte con… ¿Mía? ¿Pero qué nombre es ese? ¡por favor!

– Pero… pero ¿qué queréis de mi? Decidme, ¿qué queréis?

– Pues es fácil: queremos que no seas feliz con ninguna mujer. Excepto nosotras, claro.

– ¿Qué? Y se supone que me queríais, que erais mi familia. Nunca pensé que fuerais así. –se oyó un gran suspiro– Por favor, no le hagáis daño, por favor, no se lo merece.

– ¿Y crees que nosotras nos merecíamos estar muertas ahora? ¡NO! Pero así es la vida, cielo, tienes que afrontarlo.

–Está bien, está bien… haremos una cosa. Me matáis a mí y a ella la dejáis en paz. Me queréis a mí ¿no?

– Mmm… no es mal trato. Vale, vamos, cariño, prepárate, que vuelves con mamá.

– ¡Espera! Déjame llamar a la policía para que venga a ayudarla.

Lucas se dirigió al bolso de Mía y sacó su móvil. La verdad, no estaba muy seguro de lo que iba a hacer, haría cualquier cosa por ella, pero todo era tan desconcertante. ¡Ya ni siquiera podía fiarse del cadáver de su propia madre! Llamó a la policía. En veinte minutos estarían allí. Por lo que había estudiado en la universidad, podrían salvarla, estaban a tiempo. Antes de dejarse llevar por su madre y su niñera, a las que en diez minutos había conseguido odiarlas y detestarlas como nunca antes había hecho, se acerco a Mía, se agachó y la besó.

– Te amo. Siempre estaré aquí velando por ti.

Duró apenas unos segundos. Su alma desapareció.



– ¿Está bien, señorita?

– Eh, sí. Creo. ¿Qué ha....?

Mía giró la cabeza y vio a pocos metros de distancias el cuerpo inerte de Lucas. Sin vida. Estaba muerto y ella… ella se había salvado. Se sentía culpable casi sin saber por qué. Aún recordaba apenas lo que había pasado. Y lloró, y se torturó por no haber podido salvarle.

Ella, en su interior, sabía que algún día volvería a verlo. Y, quizá antes de lo que esperaba. A nadie se le ocurrió imaginar que meses después dos espíritus malvados la llevarían también a algún lugar bastante lejos de aquí.

viernes, 13 de febrero de 2009

Myself

A veces todo parece una mentira. La vida, yo misma. Me río y tengo la sensación de que no lo hago de verdad, lloro, y no se por qué. Estoy bien, y a los cinco minutos me siento sola, ¿cuál es el verdadero sentimiento? ¿quién se supone que soy en realidad?. De vez en cuando pienso que por fin he conseguido entenderme a mí misma, pero en días como hoy recuerdo que no. No se cómo soy yo misma, no se qué siento, ni qué debería a hacer. Actúo guiandome por lo que me dice el corazón, pero si se contradice, ¿qué he de hacer?.

Una vez dije: "todos tenemos algo que nos hace únicos". Yo pensaba que había encontrado ese algo en mí, pero estaba equivocada.

No se, no se, no se. No se absolutamente nada. Ojalá todo fuera más sencillo. Ojalá puedi
era reír todo el rato y dejar pasar todas esas cosas que me hacen sentir mal. Pero no puedo porque ni siquiera se qué es. Lo que más me duele es que mi confusión llega a tal punto que no puedo identificar qué siento por la persona más importante para mí; cuando estoy así es como si dejara de tener importancia. ¡NO SEEEEE!

Espero descubrirlo algún día, porque así me cuesta bastante seguir adelante.

Quizá tan solo sea cansancio, pero siento que me apago.

I need somebody, too =(

martes, 10 de febrero de 2009

Life

Werther temblaba, su corazón quería salírsele del pecho, volvió a tomar las hojas y leyó con voz entrecortada:
«¿Por qué me despiertas, brisa de primavera? Me acaricias y dices: ¡Con gotas de rocío celestial cubro la tierra! ¡Pero la hora de marchitarme está cerca, cercana la tempestad que habrá de deshojarme!..."»
Todo el poder de estas palabras cayó sobre el infortunado. En plena desesperación se arrojó a los pies de Lotte, tomó su mano, la estrechó contra sus ojos, contra su frente, y a ella le pareció que por su alma pasaba el presentimiento de su horrible propósito. Sus sentidos se turbaron, estrechó las manos de Werther. las oprimió contra su pecho, se inclinó hacia él en un arranque de nostalgia y sus ardientes mejillas se rozaron. El mundo desapareció para ellos.

Johann Wolfgang Goethe

Las desventuras del joven Werther

Es precioso como la gente es capaz de lanzarse al vacío en el último momento. Pensar que algo está acabado, y cuando ya se supone que no hay vuelta atrás, pasa algo que lo cambia todo. La vida es muy compleja, los sentimientos también. Hay algo dentro de nosotros que nos hace especiales, únicos, que cambia, que avanza o retrocede. Y ese algo puede darle un vuelco de 360º a nuestro mundo en cuestión de segundos. Eso es lo que realmente le da valor a nuestra vida, lo que le da ilusión. Pensar que el día siguiente todo no va a ser igual que hoy, que puede que pase algo grande, que conozcas a una gran persona. Y es que la vida es así, llena de sorpresas. Así que, si eres como yo, que piensas que tu vida es aburrida y estás harto de la monotonía de ésta, no desesperes, un día no muy lejano un nuevo camino se abrirá ante ti. ¡Tan solo esperemos que eso nuevo que llega sea bueno!

» Para todas las personas que tienen un sueño por cumplir y piensan que nunca lo realizarán. Todo es posible.






sábado, 7 de febrero de 2009

...Y un día, la soledad se convirtió en mi única aliada

Una y cinco de la mañana de un sábado, miro páginas y páginas en Internet. Todas están llenas de fotos de gente que se quiere, y me siento tan sola. Lo único que me queda: un pequeño lugar en el cyberespacio para escribir.

La verdad, nunca imaginé que mi vida fuera a ser así. Con 15 años, ya tengo una relación seria, y ya he pasado por experiencias que normalmente pasan personas adultas. Lo típico que te dicen los adultos: "los amigos que tendrás en el futuro no serán los mismos que ahora, la gente cambia, se va". No te lo quieres creer, o, al menos, piensas: eso pasará dentro de mucho. Pero no, tan rápido como hice decenas de amigos los perdí, aunque, afortunadamente, un par de ellos consiguieron hacer una marca en mi corazón para no olvidarlos nunca. Y esas dos personas se quedaron. Pero no por demasiado tiempo. Se supone que ahora se van a un lugar a muchísimos kilómetros de distancia, pero nuestra amistad seguirá ahí; se supone que por muy lejos que estemos, luego volveremos a estar juntos y todo volverá a ser como antes. Pero se muy bien que hay ciertas cosas que la distancia puede romper; la amistad y el amor son dos de ellas. A lo mejor no romperlas del todo, pero si dañarlas. La distancia puede dejar un gran vacío donde antes no había más que sentimientos. Y una de estas dos personas me comentará esta entrada, y me dirá lo mismo que dice siempre: que vamos a seguir estando la una para la otra, que no me preocupe... pero decirlo es muy fácil. A lo mejor me estoy preocupando para nada, quizá sea verdad que el tiempo pasará rápido y estaremos de nuevo los tres juntos y "happy together", pero me es imposible no pensar en la parte negativa. Me es imposible no pensar en mi novio, con el que llevo dos años, del que no quiero despegarme nunca, con el que quiero un "hasta que la muerte los separe", me es imposible no pensar en todos esos sueños a realizar juntos, en todas esas promesas que hicimos y que quizá nunca cumplamos. Una amiga que va a conocer a una persona que va a ser muy especial para ella y no voy a estar ahí para verlo, un lugar, una casa, unos amigos, que puede que no conozca. Una vida en la que yo no voy a ser una parte demasiado importante, donde voy a ser "la pesada que está todo el día llamando a ver que hacemos" o "la loca de nuestra amiga que siempre quiere ser el centro del mundo".

Nunca imaginé que mi vida fuera a ser así. Llena de tristezas, arrepentimientos, sentimientos adultos, sin inocencia ni el punto de locura que siempre tuve. Varias personas me cambiaron, y ahora no se si es para bien o para mal. Si fue bueno que conociera a estas personas, para que luego se vayan, o si hubiera sido mejor tener una vida normal, como cualquier persona de mi edad. Novios, rollos, a algunos los quieres, a otros no. Amigas a las que adoras, pero que no son imprescindibles. A veces falsedades, niñatadas. Pero, ¿qué pretenden? sólo tenemos 15 años, aún somos unas niñas. Y, sin embargo, yo tengo a dos grandes personas en mi vida, son lo único que tengo. Solo a dos grandes personas en mi vida, y no se si por mucho tiempo.


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